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Buena suerte

Zalmiar se encontraba mal herido en el muslo, nada serio si encontraba sangre fresca a tiempo, pero si no lo lograba se vería en graves problemas. Por lo menos había conseguido huir con vida de los que antaño había considerado sus hermanos de armas. Asquerosos envidiosos, se habían ofendido porque el Dios de la Sangre le había otorgado nuevos dones en el templo: unas excelentes alas sobresalían de su esbelta espalda, una reluciente espada de un metal desconocido colgaba de su cadera y poseía nuevas habilidades mágicas. Sus hermanos habían considerado que no era merecedor de tales privilegios, le habían atacado con intención de acabar con su vida. Zalmiar se vio obligado a defenderse y en su loca huida había derramado la sangre de siete de sus hermanos. Por suerte, habían desistido en sus ataques cuando consiguió salir del templo y alzar el vuelo.

Ahora estaba agotado por el esfuerzo, se desangraba por momentos y todo su ser exigía el cuello de una bella doncella para saciar la atenazante sed que le asolaba. No sabía donde se encontraba, había descendido en un claro de un bosque por donde discurría un escuálido riachuelo. Se quitó la parte dañada de la armadura para poder dejar al descubierto la herida, la lavó e intentó aliviar el dolor con sortilegios varios. Momentáneamente aliviado decidió descansar por unos segundos, se entregó por completo al descanso. Antes de quedarse dormido escuchó con sus agudos oídos el sonido de una loca carrera a través del bosque, se podía deducir que si el ser que corría completamente desbocado seguía en esa dirección llegaría al claro. Y así fue, una pequeña niñita de rubios cabellos apareció ante la visión de Zalmiar. Sin duda un bocado delicioso, el vampiro se abalanzó sobre la niña sin preguntarse de que huía, sin darle tiempo a que hablara, con toda seguridad la pequeña ni siquiera había conseguido distinguir que es lo que le clavaba profundamente sus colmillos en su joven cuello, que es lo que se saciaba con su esencia vital. Zalmiar bebió hasta que los ojos de la niña se apagaron, arrojó el cadáver hacia el otro extremo del claro sin ningún esfuerzo, la herida se empezó a cerrar, el dolor remitía y el vampiro gritó de puro deleite mientras la sangre aún bañaba su rostro.

Completamente recuperado, se ajustó la armadura. Estuvo pensando que rumbo tomar durante las horas de noche que aún le quedaban, tenía que encontrarse con el Consejo para informar de la grave insubordinación de sus hermanos de armas… mientras pensaba en ello, otro pensamiento surgió ¿De donde venía el pequeño bocado? Seguramente de alguna aldea que habría sido saqueada… huía de algo, pero él no había oído más pasos tras la niña… ¿Pudieran ser otros vampiros? O, quizás ¿Hombreslobo? Aguzó sus sentidos, se maldijo por lo estúpido que había sido al no tomar mayores precauciones y regocijarse en su buena suerte. El bosque parecía siniestramente silencioso, no escuchaba ni el respirar de las bestias nocturnas.

Zalmiar alzó repentinamente el vuelo, pero demasiado tarde, una gran mole de negro pelaje consiguió agarrarlo por las alas y arrojarlo contra el suelo. Un impresionante hombrelobo con un pelaje negro como la noche estaba ante él, gruñendo de pura rabia. El vampiro tenía las alas destrozadas por la fuerza del ataque, pero aún le quedaba su magia y su espada. Lanzó contra la bestia varios conjuros, pero asombrosamente parecían no tener ningún efecto sobre el ser, es más parecía que la bestia se divertía ante la futilidad de los ataques del vampiro ¿Quizás fuese un campeón de la Diosa Luna? Tenía que serlo para no verse afectado por los ataques mágicos. La bestia observaba al vampiro con curiosidad, esperando a su siguiente movimiento, esperando un error para acabar con su vida y devorar su carne.

Zalmiar desenvainó su espada y atacó con una frenética danza de muerte, pero el hombrelobo evitaba los ataques con una facilidad pasmosa y las pocas heridas que sufría se curaban casi al instante. El vampiro se jugó todo a un movimiento destinado a decapitar a la bestia, pero lo que vio no fue la enorme cabeza perruna separada del cuerpo. Lo que vio fue su propio brazo entre las fauces del ser aún con la espada entre las manos. Después el hombrelobo se alzó sobre sus patas traseras para descargar un golpe fatal que redujo el cuerpo de Zalmiar a un amasijo de carne y hueso.

El hombrelobo pensó que esa era su noche de suerte, estaba persiguiendo un pequeño bocado que seguramente no saciaría su hambre. Pero ahora tenía la carne de la pequeña y la de este asqueroso vampiro, se avecinaba un buen banquete.

~ por Epi on Mayo 2, 2008.

5 comentarios to “Buena suerte”

  1. Oh! ceci se ha quedado sin trabajo en este… uhm…

    Escueto e intenso epi, para mi gusto demasiado concentrado, muchas historia y corto desarrollo, aunque entretiene mucho :)

  2. Que chulo! Me ha gustado mucho, pienso como Ceci, le podrías sacar mucho más jugo, pq la historia da para eso, pero me ha encantado! ;)

  3. Ya sé que conté muchas cosas en poco espacio. Seguramente lo acabe dividiendo en tres relatillos o así, donde contaré más profundamente la historia.

  4. A mi me ha encantado. Me encantan este tipo de relatos XD

  5. Gracias Gothikka, aunque dividiré este relato entre tres o cuatro relato más.

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