Final
Continuación y final de los relatos Concilio, La Marcha, Despertar y Razonamientos.
Ambos hermanos se encontraban enzarzados en una cruenta batalla en las alturas. Intercambiaban golpes de sus poderosas armas, hechizos y conjuros. Bajo ellos todo era destrucción, el mundo se había visto afectado por la gran cantidad de poder que se desplegaba en la lucha. El cielo se encontraba en una tormenta eterna con un color rojo sangre que sobrecogía los corazones más valerosos. La tierra estaba devastada, por doquier se podían observar grandes grietas y volcanes; la tierra cambiaba a formas abrumadoras. Era tal la cantidad de magia que se había liberado que no era raro que se produjese cierto fenómeno de forma espontánea; en ocasiones se abrían puertas astrales que conectaban con otros mundos o con el inframundo. Por estos portales aparecían criaturas terribles que luchaban contra todo lo que se ponía por delante.
Todo el mundo se había convertido en un gran campo de batalla, los ejércitos de Nialmar y Ramlain se habían enfrentado de forma casi constante durante todo un año, no había descanso, no había tregua. Sólo unos pocos mortales se habían atrevido a unirse a los formidables guerreros de Nialmar, pero eran más un estorbo que una ayuda; a menudo huían sobrecogidos por las lucha tan atroz que se estaba librando. Los pocos bastiones de mortales que sobrevivían se encontraban en las zonas polares, allí es donde podían aguantar las interminables embestidas de los ejércitos de monstruos y demonios de Ramlain.
Ramlain había ofrecido a su hermano la posibilidad de acabar con todo esta lucha innecesaria, había ofrecido unir ambos ejércitos y enfrentarse a los mismos dioses que los hacían luchar en estos interminables ciclos. Nialmar no atendía a razones, desconfiaba de su hermano, estaba convencido de que Ramlain intentaría matarlo si aceptaba su trato.
“En algún otro lugar, un grupo de seres mantenían una interesante conversación mientras observaban la batalla que se desarrollaba en el mundo.
- Se ha liberado demasiado poder en este ciclo, no es normal – decía una voz que sonaba fría como la muerte –.
- Tienes razón, Muerte. Pero no va a ser diferente a las otras veces. En algún momento uno de los dos morirá a manos del otro, así se escribió y así sucederá. Por cierto, ¿qué apostaste, Sombra? – la voz de Peste resultaba muy incómoda, parecía un quejido constante –.
- Aposté a que ganaba Nialmar, si no ocurriera así cedería mi montura por unos mil años a Muerte. Pero si ganaba yo, Muerte acabaría con la vida de todo mortal que yo señalara durante unos dos mil años – las palabras dichas por Sombra parecía que eran dichas por miles de seres a la vez –.
- Siento interrumpir vuestra conversación – dijo un ser viejo con larga barba –, pero en este ciclo está sucediendo algo que jamás había visto. ¿Habéis reparado en esos portales astrales que están venga a surgir? Por ellos aparecen temibles criaturas.
- Tranquilo Destino – dijo Muerte –. Sombra ocúpate de cerrarlos.
Sombra se concentró, murmuró unas palabras que parecían que eran dichas por miles de seres a la vez. Los dioses vieron como los portales se iban cerrando lentamente, pero había un portal que no se cerraba; permanecía abierto, es más, parecía que estaba creciendo.
- Ese no lo puedo cerrar. Algo al otro lado lo mantiene abierto, es un gran poder, demasiado para mí. Quizás si lo intentásemos todos juntos podríamos cerrarlo.
Los dioses ahí reunidos se concentraron, intentaron con todo su poder cerrar esa puerta astral. No lo lograban, la puerta se mantenía abierta y seguía creciendo.”
Ramlain, Nialmar y los guerreros que luchaban se habían dado cuenta de que las puertas astrales se habían cerrado. Sólo quedaba una abierta, pero no le dieron mayor importancia; estas puertas tendían a abrirse y a cerrarse sin seguir ningún tipo de criterio.
Los ejércitos seguían combatiendo día tras día, sólo había descanso en la muerte. No se habían abierto nuevas puertas, pero tampoco se había cerrado la única puerta que quedaba, es más parecía que crecía a medida que pasaba el tiempo.
La puerta había alcanzado unas dimensiones descomunales, dos gigantes podrían atravesarla sin ningún tipo de problema, pero nada salía de ella. Los guerreros, monstruos, demonios y señores de la guerra la ignoraban; estaban demasiado enfrascados en la batalla para prestarle atención. De pronto un sonido ensordecedor se escuchaba a través de la puerta; una serie de aves metálicas de grandes dimensiones atravesaron la puerta. Las grandes aves de metal ascendieron a gran velocidad para luego dejar caer una especie de huevos que al impactar contra el suelo ocasionaban una gran destrucción. Pero no era la única sorpresa que atravesó la puerta; una especie de carros metálicos que se movían sobre cadenas y que emitían grandes rugidos aparecieron. Estos carros estaban rematados con una pequeña torreta, unida a la torreta había un tubo de metal; un sonido atronador surgió del tubo, después una gran explosión se sucedió a lo lejos. Más y más de estos extraños artefactos aparecieron por la puerta. Nialmar y Ramlain habían interrumpido su particular combate; estaban asombrados por lo que veían. Pero todavía les faltaba por ver una última sorpresa, estaban entrando los seres que comandaban a esos artefactos y también a grandes grupos de los mismos seres, todos llevaban la misma vestimenta… se trataba de humanos. Los mortales más débiles que existían eran los que estaban creando tal destrucción entre las diferentes tropas.
Nialmar y Ramlain abandonaron su lucha para dirigir todas sus tropas contra esa nueva amenaza. Cientos de hechizos, conjuros y cargas se hicieron contra los humanos que habían surgido de esa puerta astral. Los hechizos y conjuros apenas hicieron mella sobre el nuevo ejército; y todas las cargas fueron repelidas. Los dos hermanos decidieron cargar directamente contra el grueso del ejército humano, los patéticos humanos levantaron una especie de armas de mano hacia ellos, las armas escupieron fuego. Ramlain y Nialmar sintieron como si cientos de pequeños aguijones metálicos atravesaran sus cuerpos. Los hermanos cayeron inertes… la batalla continuaba, los ejércitos de los hermanos luchaban desordenadamente para salvar sus propias vidas. Unos nuevos reyes estaban entrando al mundo.
“Los dioses se movían agitadamente en su gran palacio.
- Deberíamos acabar con ellos – dijo desesperado Peste –, han acabado con nuestros héroes y con nuestro entretenimiento.
- Dudo que podamos hacerles algo – la voz de Destino que siempre sonaba neutral, parecía algo agitada –. Estos humanos no son como los humanos de este mundo, parecen dueños de su propio destino. Aunque quisiéramos intervenir ellos lograrían evitarnos o incluso podrían intentar acabar con nosotros.
- ¿Qué haremos entonces? – dijo Muerte despreocupadamente –.
- Continuaremos observando, como siempre. Y cuando podamos crearemos un nuevo juego con esta nueva raza que se nos presenta.
Los dioses abandonaron su conversación para volver a observar el mundo que habían creado y que ahora parecía que iba a cambiar de manos.”

O.O IMPRESIONANTE, me quedé sin palabras, un giro completamente radical el que le diste a la historia en este final… yo esperando la victoria de Nialmar y en fin… enhorabuena
te salió chapó.
SaLuDoSsSs!!!
JEJEJEJEJEJE… muchas gracias, se me fue la pinza y decidí cambiar el final a última hora XD
Pues para cambiarlo a ultima hora te quedo muy bien. Felicidades!!
Como vas a estar inactivo durante un tiempo te dejo el enlace de la continuacion de mi relato para que no te la pierdas: http://riazor.wordpress.com/2007/09/05/miedo/