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Razonamientos

Continuación de los relatos Concilio, La Marcha y Despertar.

Ramlain descansaba en su gran silla junto a su perro de guerra ante su opípara cena, estaba casi lleno, aún le faltaba el postre. Se encontraba en su tienda de campaña, había sido una jornada dura de asedio a una gran ciudad de los elfos. La ciudad de los orgullosos elfos acabó en sus manos, como los demás territorios que osaban interponerse en su camino. Además después de tomar la ciudad Ramlain se tuvo que enfrentar a otros problemas, que aunque no eran inmediatos pronto le ocasionarían graves quebradores de cabeza, algunos de sus demoníacos lugartenientes conspiraban contra él. Todos los oficiales querían ocupar el lugar que él poseía, todos querían tener la bendición del dios de la muerte y para poder obtenerlo tenían que acabar con él. Esos estúpidos eran unos ilusos, realmente creían que podrían con él. Esa misma mañana tuvo que enfrentarse a tres de sus hombres de más confianza, lógicamente los había vencido y hacia unos minutos que había devorado sus entrañas en la cena. Normalmente prefería la carne humana, pero tampoco había que desperdiciar la carne de sus guerreros. Después de resolver ese pequeño problema otra cosa ocupaba su menta, lo inquietaba y a la vez lo emocionaba.

Unos pocos días atrás había notado que su hermano había despertado, al fin, después de tanto tiempo esos asquerosos mortales se había visto obligados a llamar a su hermano Nialmar. Deseaba enfrentarse a su hermano. Ramlain era similar a su hermano, mismas alas negra, mismo color de piel y de pelo; pero sus ojos eran diferentes, los suyos eran totalmente blancos, al contrario que los de su hermano que eran negros como la noche. También tenía una armadura igual a la de su hermano. Las armas que tenía, sin embargo, eran dos martillos de guerra, los cuales encerraban demonios en su interior, al igual que las armas de su hermano. Estos martillos lo alentaban a la lucha y al derramamiento de sangre, pero Ramlain tenía el poder suficiente para someterlos a su voluntad y a que sólo respondiesen ante él.

Su perro de guerra alzó la vista y olisqueó el aire, notaba que algo se acercaba. Ramlain adoraba a su perro, aunque la verdad es que a esa criatura le quedaba poco de perro, si es que antes fue un perro. Ahora era una bestia demoníaca tan grande como un caballo, poseía una cabeza enorme con gigantescos dientes que impedían que pudiese cerrar la boca, lo que le configuraba una sonrisa eterna realmente perturbadora. En las comisuras de los labios se podía ver una baba verde que goteaba constantemente, era venenosa. Tenía fuertes patas acabadas en inmensas garras y la cola terminaba en una maciza porra ósea. El cuerpo del perro poseía una piel tan dura como el acero y de un color rojo intenso. Era un ser hecho para la guerra, un regalo del dios de la muerte. A Ramlain le gustaba cabalgar en ese animal, era del único ser del que se podía fiar.

Un soldado entró en la tienda con dos muchachas elfas desnudas, las empujó hacia su señor y el soldado se retiró, por fin había llegado el postre. Ramlain miró fijamente a las dos asustadas muchachas, una era rubia y de ojos negros, la otra era morena de ojos verdes; ambas poseían una gran belleza. Al final decidió quedarse con la morena, la otra se la entregó a su perro para que la devorase, el animal la engulló rápidamente ante la atemorizada mirada de la otra muchacha. Ramlain mostró sus grandes colmillos blancos mientras se acercaba a ella. La muchacha luchó y se resistió, pero no podía competir ante la fuerza del tenebroso señor. Ramlain sujetó con una mano las muñecas de la joven, retiró el cabello negro del cuello y hundió sus colmillos en la tierna carne de la elfa, le encantaba la sangre joven.

Al acabar su festín sonreía, estaba contento, se podría decir que era feliz. Pronto se enfrentaría a su hermano. Intentaría hablar con él, tenía que proponerle un plan alternativo a una lucha encarnizada, tenía que proponerle un plan que acabase con aquellos ciclos eternos destinados a entretener a los dioses. Ambos hermanos estaban destinados a enfrentarse pero no tenía porque ser así. La guerra siempre finalizaba con la muerte de alguno de los dos hermanos a manos del otro, además el mundo conocido quedaba prácticamente destruido por la guerra. El hermano superviviente era atrapado o le daban muerte los mortales que quedasen en el mundo. Cuando los mortales reconstruían su mundo y rehacían su historia olvidando los acontecimientos pasados, los hermanos despertaban y volvían para volver a enfrentarse; para los dioses el mundo era como un gran tablero de juego que les divertía. Así sucedía durante milenios, pero eso iba a cambiar, tenía que cambiar.

~ por Epi en Agosto 20, 2007.

7 comentarios to “Razonamientos”

  1. Vaya, ya hechaba de menos tu historia xD
    Me gusta como la desarrollas.
    A ver si en breve acabo el siguiente capitulo que me esta costando Dios y ayuda escribirlo (y eso que ya lo tengo en mi cabeza xD)

  2. Tengo ganas de acabar esta historia. Pasa rápidamente tu historia de tu cabeza a un folio XD

  3. Calla calla que me estan saliendo dos capitulos del tiron xD

    Por cierto, crei que el titulo de este capitulo era “Rozamientos” xDD

  4. jajajajajajajaja… Si hubiese sido rozamientos creo que la temáticva hubiese ido por otros sitios XD

  5. Muy bueno Epi! me encanta por donde conduces la trama. Soberbio, sin lugar a dudas :D . Riazor si hubiera sido rozamientos… dudo que lo que hubiera hecho con la morena hubiera sido matarla… jaja.

    SaLuDoSsSs

  6. Nunca se sabe xD

  7. Ahora estoy buscando la inspiración para acabarlo, pero no me viene XD

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